|
- La Maldición de la portería del Fondo de Polideportivo. De esta manera podría titular la crónica del partido de ayer. Parece que esta portería ejerce un influjo extraño sobre los porteros. Si echamos la vista atrás, vemos que bueno porteros recibieron la influencia de una especie de brujería sobre ellos. Ayer Palop, uno de los mejores guardamentas de la liga, no supo atajar un balón franco para él, y de manera extraña vio cómo no coordinaba una sencilla acción, lo que permitió a Sívori marcar a puerta vacía un gol que vale su peso en oro. Recuerdo también que Dutruel, el portero del Celta, teniendo una altura considerable, fallaba de manera también extraña hace unos meses, y un jugador más bajito, otra vez Sívori, le robaba la cartera.
- También llega a mi mente aquel balón que Canabal coló entre las piernas de Juanmi, el buen portero del Zaragoza. Aquel balón entró lenta y pausadamente. Y así otras jugadas y otros buenos arqueros, como los argentinos Roa y el "Mono" Montoya también sufrieron no hace mucho el influjo del Fondo de Polideportivo.
- Pero no solo los porteros están malditos bajo ese arco. Podríamos extender dicha maldición al punto de penalty. Desde esa pequeña mancha de cal hombres como Desio, Pablo y, sobre todo, recordemos a Iván Rocha, no transformaron sendos lanzamientos desde los once metros.
- Dejando esta maldición a un lado, la Diosa Fortuna se alió ayer con el Deportivo Alavés. Nadie esperaba conseguir los tres puntos de esta manera, tras el garrafal fallo de Palop. Esa pizca de suerte que ha faltado en la primera parte de la temporada está acompañando ahora. Y es precisamente en estos momentos cuando, tanto para bien como mal, más influye la suerte. Ayer la suerte rompió un empate que los dos entrenadores se habían encargado de firmar. Al Villarreal le venía de perlas, y al Deportivo Alavés, según su entrenador y tras ver el cambio, metiendo un defensa más, como es Iván Rocha, cambiando el sistema para jugar con tres centrales, parece que también.
- Cuando dos equipos se juegan la vida acuciados por la necesidad de puntos, el partido que pasaba por mi mente era duro, trabado y sin excesiva calidad. Eso fue lo que pasó al principio. Un equipo que buscaba tener la posesión del balón para llegar al área rival, y otro que buscaba el contragolpe con una rapidez endiablada. Así tenía que suceder y así sucedió. El partido estaba demasiado abierto cuando Irulegui se dio cuenta, como viejo zorro que es, de que quedarse tan atrás le perjudicaba. Como digo se dio cuenta, abrió el campo y llegó con peligro al área defendida por Tito. En esta primera mitad, el Villarreal tuvo ocasiones más claras que el Deportivo Alavés. El empate a cero quizás hacía justicia, pero para mi la clave estuvo en el centro del campo, donde los Gerardo, Albelda o Gaitán formaron un trío de obreros con un juego de brega y de carácter que tuvo más presencia que el juego de toque de los Gerard, Pablo y compañía.
- La segunda parte gue de los más extraña. Cuando mejor estaba jugando el Villarreal, llegando fácil a la protería de Tito, vino el gol de Gerard. Momentáneamente, el Deportivo Alavés dominaba gracias a la profundidad de la banda derecha, donde Belsúe y un inconmensurable Canabal campeaban a sus anchas. Ellos solos se bastaron para enlazar un par de jugadas de gol. Un gol que llegó tras un fallo de Téllez y del guardameta del Villarreal.
- Lo que son las cosas, hasta ese momento el punto fuerte del Villarreal estaban siendo lo balones aéreos, donde el trío Téllez-Tasevski-Robert formaba una muralla infranqueable. Paradójicamente, el Deportivo Alavés, quizás el equipo más flojo a la hora de defender los corners, marcó en una jugada de ese tipo.
- Si cuando mejor jugaba el Villarreal marcó el Alavés, poco después pasó lo contrario. Caundo el equipo vitoriano dominaba el choque sin problemas, una irrupción por sorprese de Albleda originó el jarro de agua fría que supuso el empate. De ahí al final, peligro, porque los hombres de Irulegui pudieron sentenciar, pero no se atrevieron. Fue entonces cuando viendo las penurias clasificatorias, ambos técnicos creo que dieron por bueno el punto. Entiendo la postura de Irulegui, al jugar fuera de casa. Pensó además en el calendario un tanto benévolo que les queda, pero sigo sin entender la postura de Mané, que no quiso arriesgar.
- Menos mal que en esta ocasión tuvo un hada madrina que apareció al final. Me dio mucha pena ver la cara de llanto y la desolación de Palop, pero al fin y al cabo, lo que importa son los tres puntos, y estos se quedaron en Vitoria, afortunadamente.
- Con toda esta vorágine de acontecimientos casi se me olvida mencionar que el Deportivo Alavés está ahora mismo fuera de puestos de promoción, algo que no sucedía desde la jornada octava. Teniendo cuidado con los de atrás, habrá que intentar meter el miedo en el cuerpo al Racing, Atlético de Madrid y Oviedo.
|