|
- Pese a la derrota ante el vigente campeón, buena jornada para el Deportivo Alavés. Sobre todo porque las derrotas de Tenerife y Salamanca confirman que el cuadro de Mané evita el descenso directo. Las otras dos derrotas, las del Extremadura y el Villarreal, acercan a tres jornadas para el final al Alavés al objetivo inicial, la permanencia en la categoría.
- El Deportivo Alavés era el convidado de piedra de un banquete al que estaba obligado a acudir por mor del calendario. Tuvo que ejercer de anfitrión para que el todopoderoso FC Barcelona se proclamase campeón sobre el césped de Mendizorroza. Lo hizo, pero sin alardes ni exquisiteces. Demostrando, eso sí, que hay una diferencia abismal en lo que se refiere a la técnica individual de los jugadores.
- Estoy seguro de que el Deportivo Alavés, metido en otras lides clasificatorias, no hubiese aceptado la invitación a la fiesta culé si no hubiera estado obligado. Todo estaba preparado para regocijo catalán. Sus aficionados no olvidarán Mendizorrotza, un campo que se está caracterizando últimamente por albergar grandes celebraciones. Hace dos años el Salamanca cantó aquí su ascenso. La pasada temporada, afortunadamente, lo hizo el Alavés, y esta campaña ha albergado la fiesta blaugrana. Además, la presencia en Vitoria de su presidente, Josep Lluis Núñez, hombre dado a viajar poco, solo a las grandes citas, así lo presagiaba.
- La verdad es que se vivió un extraordinario ambiente durante todo el día. Desde primeras horas de la mañana la ciudad fue adquiriendo el colorido suficiente como para crear el ambiente necesario para una buena tarde de fútbol. Los culés llegados desde distintos puntos de Cataluña se mezclaron en muchos caso con sus homónimos aficioandos al Barça pero con DNI vitoriano, que los hay a mares. La peña vitoriana Euskobarça realizaba diversos actos. Sus miembros, con el corazón dividido, jugaban a ser adivinos con el resultado: "que gane el Deportivo Alavés, pero que el Barça sea campeón", me comentó uno de ellos.
- Ese ambiente de fútbol que se creó, por el momento me hizo pensar que se podría vivir una de esas tardes de fútbol cual miércoles copero. Pensé por un instante que el Deportivo Alavés podría volver a ser aquel matagigantes de la pasada edición de la Copa, y que el Barça se vestiría de Oviedo, Real Madrid o Deportivo de La Coruña. Nada más lejos de la realidad.
- El Deportivo Alavés tuvo alguna opción en la primera mitad. Tras un inicio un tanto titubeante, el equipo de Mané tomó la manija del choque. Incluso tuvo oportunidades para adelantarse en el marcador. Salina, Vitamina y Belsué perdonaron. Ya se sabe, cuando se perdona se paga. Y más ante un rival de tanta calidad.
- Cuando más inseguro e incómodo se encotraba el Barça llegó el jarro de agua fría con el gol de Cocu. La segunda mitad no tuvo color. Bueno, si los tuvo, el azul y el grana. Dominaron el partido como quisieron, quizás sin la brillantez de otras veces, sin oportunidades claras de gol pero con acierto y calidad. Creo que los dos primeros goles en contra vitoriana se debieron a sendos fallos defensivos. En el primer gol Tito -pese a sacar el primer dispar de Kluivert- debió de salir con más decisión y rapidez ante el holandés. En el segundo tanto el fallo fue más claro: Belsué desguarneció su banda, Berruet bailó ante Rivaldo y, sobre todo, Kluivert remató completamente solo ante un Tito demasiado cerca del marco. En los tantos de Figo y Luis Enrique no se puede objetar nada. Su calidad individual supera claramente la media de los jugadores de la liga. Son dos de los mejores jugadores de Europa.
- Pese al 1-4 pienso que el Deportivo Alvaés dió una buena imagen. Derrochó ganas, un rato de calidad e ilusión, sobre todo en la primera mitad. En ese tiempo supo parar a los jugadores clave del Barça. Ni Guardiola, ni Figo ni Luis Enrique jugaban cómodos. Mané no quiso que sucedira lo mismo que en la primera vuelta, y puso todo su empeño en parar las acometidas por la banda derecha de Figo. Ibón Begoña lo frenó en seco. Por si acaso, nada más que portugués controlaba el balón, Begoña recibía una rápida ayuda de algún compañero, una ayuda que el sábado casi ni necesitó. He critcado en muchos partidos al bilbaino, pero ante los catalanes me pareció el mejor del equipo. Parece que el corte de pelo le ha sentado bien. Contrariamente a lo que le sucedió a Sansón, Ibón Begoña parece haber encontrado un fuerza, una garra y una velocidad inusitadas. Parecía Camacho. Si sigue en esa línea en los partidos que quedan podría maquillar un tanto, tampoco mucho, la nefasta temporada que viene realizando.
- Junto a Ibón Begoña destacaría a nivel individual a Sívori, Salinas y, como casi siempre, al dúo Beruet-Karmona. Sívori volvía a parecerse a Martín Fiz por lo que corrió. Salinas disfrutó cuando recibía de espaldas. El, con la sapiencia que tiene, repartía esos balones para que sus compañeros intentasen lanzar a portería. Una pena que no acertase cuando se quedó solo en la primera mitad delante de Hesp. Del dúo Karmona-Berruet solo se puede decir que partido tras partido muestran una sobriedad digna de cualquier central. Eso sí, pierden eficacia cuando se les saca de su posición. Dentro del buen tono general del equipo, pese al 1-4, creo que los más flojos fueron Belsue y Tito. El maño desguarneció en exceso su banda, y esto lo aprovecharon lo clués. El de Calahorra no estuvo tan sobrio como en otros encuentros. Pudo haber hecho algo más en los dos primeros goles. Repito que pese a la derrota, el equpo trabajó mucho. el resultado me pareció muy abultado si tenemos en cuenta lo méritos de unos y otros.
- Cometario aparte merece el tipo del silbato. Japón Sevilla no puede arbitrar durante mucho tiempo en primera si lo hace como el sábado en Vitoria. Faltó al respeto a los vitorianos con decisiones que encabritaron al más paciente y sereno de los aficioandos y jugadores. No quiso dejar a Barça con diez hombres en dos ocasiones. En la primera, cuando Guardiola, con una tarjeta amarilla, mereció la segunda tras cometer una clara falta sobre Pablo. El trencilla de amarillo no quiso expulsarlo. Tampoco le dio al gana de hacerlo cuando el capitán azulgrana cortó con la mano voluntariamente un pase. Para más inri, el árbitro pitó la falta pero no se atrevió a expulsarlo. Arrogancia y chulería, así defino su actitud.
|